Alejandro Ortiz
ALEJANDRO ORTIZ
Habemus Pottus
Fecha de publicación: 17/06/2021

Después de meditar profundamente sobre la manera de abordar el tema, por su suavidad, delicadeza, devoción y respeto si acaso no fascinación en la mente de los hombres, es que atiendo al llamado de tan noble tarea.

Los potos, culos o traseros llaman nuestra atención desde los tiempos más remotos, faraones, reyes y sultanes, caballeros, mozos y vasallos han dedicado tiempo a contemplar la presencia indómita de un poto plenipotenciario sintiendo reverencia y con encubierta fascinación; Nuestros más primitivos antepasados han sabido acercarse olfativamente a los mismos descubriendo un aroma que invitaba a la procreación y el deleite siendo entre los mortales los cavernícolas quienes han gozado de más ejemplares en su estado natural, tiempos ignotos donde los potos disfrutaban ya de la total admiración, no me es difícil imaginar a un australopitecus tomando un poto a dos manos mientras era elevado a la gloria muy por encima de los mortales a lugares tan idílicos que fue capaz de imaginar paraísos donde indudablemente caminaban desnudos acariciados por la brisa estival; que tiempos aquellos en que las deidades femeninas de amplias caderas y por ende potos esplendorosos gozaban de la devoción incuestionable de sus fieles, habrán seguro algunos herejes que se dejen llevar por la turgencia de unos senos displicentes y altivos o de piernas esbeltas bien marcadas, sin embargo, los potos son más amables, benévolos y caritativos, nos permiten admirar su grandeza vibrante en toda su magnitud y extensión, por ello y en honor a semejante ente que nos brinda tanto deleite y nos sumerge en nuestros más profundos y apasionados pensamientos es que he decidido hacer una clasificación ontológica, pues si hay algo importante en el mundo es el origen del ser humano y los elementos que nos incitan a preservar la especie.

Iniciaré esta clasificación organizando los potos por su majestuosidad, si bien es cierto y esto lo he conversado con verdaderos conocedores y expertos en el tema, podríamos clasificarlos utilizando todo tipo de métricas y agrupándolos por sus características formales, la esfericidad de los mismos, su diámetro y ángulo de elevación, su carácter, cadencia, convección y textura, la forma como atrapan la luz y la rebotan apuntando a los ojos del observador descuidado que se somete a su fulgor a primera vista, el ronroneo suave y melódico que producen al andar, el cacheteo sincrónico, ese vaivén hipnotizante que nos atrapa en tiempo y espacio, donde es imposible cuantificar el momentum que tomamos admirando tan prodigiosas y orgánicas curvas, haciendo del espacio entre el observador y su objetivo algo simplemente imposible de atravesar, como si estuviésemos frente un portal a otra dimensión y un ser exquisito se jadeara pomposo con aire de victoria fascinando a una criatura en ese momento casi rastrera, criatura que sólo puede contemplar embelesado sabiéndose indigno y casi pecaminoso.

Pero así son los potos, magníficos, los hay naturales y artificiales también, unos llegan a este mundo dotados de divina perfección, otros precisan de un toque humano no menos superior, pero estos potos son los que levantan miradas tanto de hombres y mujeres, se pasean entre los mortales como entidades que precisan nuestra atención, disfrazados detrás de un Avatar que se conoce portadora de tan noble presencia y que utiliza su poder sin más responsabilidad que el de una estrella fugaz, llamando la atención para dejar a los testigos de su advenimiento con ganas de más.

Hay potos nativos, tersos y afables, estos potos se encuentran entre nosotros, son potos cotidianos, potos emancipados, con ritmo natural, potos con personalidad y carácter indulgente, algunos más dadivosos que otros, dejando que sus formas marquen prolijamente sus mediterráneas curvas, de tamaño medio abastecen dos manos, otros titánicos! donde solo un veterano en la faena es capaz de manejarse apropiadamente, pues su dureza y suavidad les dan propiedades muy diferentes, y no es poca la dedicación requerida para alcanzar la maestría necesaria para ser un digno portador.

Podemos clasificarlos también por su carácter, los hay apáticos con muy poco entusiasmo, hay potos nerviosos de respiración acelerada y temblorosos, los hay sentimentales, que reaccionan a cada estímulo con suave denuedo, hay algunos coléricos de ritmos estridentes como los potos decididos con un paso casi marcial, dominantes y exigentes, potos empoderados a la hora de abordar, hay potos recatados que prefieren la mesura, los hay aplastinados, maleables y dóciles al tacto.

Hay potos huraños, cubiertos de cabo a rabo que se esconden del ojo conocedor, estos potos están aún en etapa de estudios porque niegan sus mieses y entonación haciendo muy complicado su análisis y su inclusión en esta clasificación es para que no sean ignorados por las futuras generaciones, con los años estoy seguro que habrán iluminados que sabrán darle más coherencia a este esbozo de clasificación y podrán aportar un conocimiento que a mi me ha sido negado.

Contrario a la creencia actual, el poto es un ente con vida propia, los hay más elásticos y flexibles, algunos por la pericia de algún prócer amaestrador, otros por convicción personal, como vimos tienen formas propias, parecidas entre sí pero definitivamente y sin llegar a lo cuántico con diferencias sustanciales, cada uno con costumbres propias y hasta diferentes maneras de mirar, por ello podemos decir que son el eje de nuestra civilización; Indudablemente los herejes se mostrarán ajenos e invulnerables ante su omnipresencia, pero incluso ellos se sobrecogen al sentir un cachete helado al contacto con la mano, y estoy seguro que en los entornos más radicales los potos también son reverenciados y reciben merecida pleitesía, tiene su lugar en toda relación humana y aunque es posible que nos falte una mano o las dos, estamos de acuerdo que el poto es por excelencia un órgano vital presente en toda criatura, cuya ausencia es ausencia de la vida misma.

Los potos han sido protagonistas a su modo de la historia, han inspirado a escritores y por ellos se han derrocado imperios, "My precious" escribiría Tolkien, evocando estoy seguro un poto de gran poder, ¡soberbio y reverencial!, mientras un sacerdote medieval clamaría Penitenciagite! azotando su carne para sacar de su mente algún poto profano y subyugante, y el gran Héctor, moriría luchando por un poto Helénico en las puertas de Troya. Ah! cuántos hemos divagado creando nuestras propias historias, construyendo lugares fantásticos donde conseguimos domar un poto salvaje con total maestría, sintiéndonos por instantes como Gollum! afortunados pero indignos; Los potos nos embrujan y nos hacen transitar lugares únicos que existen solo en nuestra imaginación y memoria, cavernas que abandonamos con el corazón acelerado para volver a la cruda realidad: sin potos no hay paraíso.

Es así que cierro esta pequeña nota con una observación, pues es menester distinguir un análisis académico de la exacerbación fruto de una juventud efervescente, el estudio del poto debe respetar la correcta metodología de tal manera que los datos recibidos estén libres de toda subjetivación, dado que conseguir acceso a cada poto es tarea casi imposible, y estoy seguro que no habrá un Thanos entre nosotros que pueda dar fe de haberlos conseguido todos y mucho menos obnubilarnos con un poder vedado a los hombres.

Recordemos finalmente que, más allá de lo que separa al ser humano hay algo que nos une como una gran familia, que nos hermana, pues nos acerca a los cavernícolas y a nuestros herederos en la estrella más lejana y es el encuentro melódico de una mano con un poto.

¡Habemus Pottus!

Fecha de publicación: 17/06/2021
Alejandro Ortiz Becerra - 2023