Matilda era una gallina ponedora y muy hermosa,
gritaba a los cuatro vientos que sería la más sabrosa.
El can Reynaldo le decía:
Soñaba con que llegara el día que Reynaldo había contado,
hasta tenía redactados discursos y poesías.
Reynaldo se frustraba cada vez que la escuchaba,
porque él había visto cómo las preparaban.
La pobre Matilda ignoraba lo que era una cocina,
confiaba en las personas que le llevaban la comida.
Se iba a dormir pensando:
Matilda vivió feliz hasta que llegó el día,
Reynaldo le suplicaba:
Y Matilda cumplió su sueño de ser el centro de la mesa,
y Reynaldo lamentó no haberle hablado con más franqueza.