Era una casa antigua donde habitaba una anciana triste y solitaria, llena de supersticiones y miedos. Para protegerse de los espíritus malignos, decidió colocar amuletos en todas las puertas y ventanas mientras cantaba olvidadas canciones, se convirtió en su ritual cada atardecer, revisar que todo este bien cerrado y así mantenerlos alejados. Nunca más volvió a asustar a nadie.