Me dirigí al inmundo callejón, con una placa en mente y la idea de tener una reunión social casi civilizada con un agente de la ley, al parecer era su oficina, lugar desde donde administraba su negocio de seguridad a los locales en una zona comercial bastante extensa al norte de la ciudad, mequetrefes de esta calaña solo pueden intimidar a tipos castrados y gente incapaz de pensar por sí misma, demonios, mi abuela habría descargado su escopeta en la cara de este sujeto y orgullosa hubiese posado con su trofeo para la prensa, la gente de antes tenia el criterio formado, sabía cuándo decir basta.
Un policía corrupto de gran tamaño, con la higiene y la educación de un simio resultó ser un soprano, me contó cosas que ni siquiera le había preguntado, al principio trataba de ganar tiempo, intentaba cansarme, no quería que mirara en su interior como lo hice con su compañero mientras él observaba amenazando con su cara de matón, lleno de ira y pronosticando mi muerte de múltiples formas, tratando de mantener su fachada de tipo duro. Me dio la dirección de una iglesia y el nombre de un sacerdote que bateaba para los dos equipos, algo muy de moda hoy en día. Al final tuve que mirar, ya saben, para asegurarme de que no mentía.
Una vez allí las cosas se complicaron con una monja de malas maneras, sacó un arma y trató de intimidarme, dos errores señora, se acercó mucho... y llegó demasiado tarde, no sé si lo dije o lo pensé mientras le quitaba la escopeta y le daba un poco de su propio chocolate. Me molesta que me confundan con cualquier imbécil del rubro que levanta las manos cuando le apuntan, conmigo todo es más simple y civilizado, no me apuntes y no perderás tus derechos humanos.
En cuanto al sacerdote, abandonó sus votos de silencio para maldecirme y describir apasionadamente cómo sería arrastrado al infierno, donde me convertiría en la perra de satanás por el resto de la eternidad, haciendo gala de un poder que no tenía. Después aplique un poco de presión en partes importantes de su anatomía, algunas no resistieron bien. Lo que me molestó fue que me contó una telenovela donde ellos eran los buenos y en todo caso, pobres víctimas de las circunstancias, que se dejan llevar por las tentaciones del maligno para abandonar la ruta de perfección que su orden tiene trazada, una historia de vaqueros, tuve que insistir y recordarle que mentir es un pecado capital, por lo menos mentirme a mi lo es, cerró el hocico y me dio un nombre después de hacerle promesas de arrepentimiento a dios para que lo sacara de esta. Al parecer dios tampoco le creyó.
En ese lugar hice una pausa necesaria, mi santa madre quería que yo fuera un sacerdote, pobre, toda madre tiene derecho a soñar, quizás por eso es que ahora me gusta mucho el arte religioso, las iglesias católicas con sus finos e intrincados detalles, estatuas, relieves, cuadros y vitrales de colores, donde lo barroco y gótico tienen una presencia tan poderosa e imponente, hace que de alguna manera te lo cuestiones un poco, un segundo al menos, ¿hay algo más allá?, ¿seré digno? o quizás ¿soy acaso un instrumento para impartir tu justicia señor? ¡hazme digno portador de tu ira como a muchos antes que yo!, ¡déjame ser tu mano vengadora!, esto último me gustó bastante, me emocioné no lo puedo negar, en fin, en ese lugar respiras entre sus paredes un aire sacro, solemne y puro, bueno, depende mucho de la sucursal, pero te sientes, como decirlo, respetuoso, tratas de mantener las formas, suelen ser lugares tranquilos, apacibles, callados, donde puedes estar un buen rato reflexionando, escuchando tus ideas sin el molesto ruido que produce la modernidad y su progreso, en fin, un montón de gente se va a enojar cuando vean que no le queda el rojo.
Continué mi camino algo descolocado, un poco malhumorado y podría decirse que me puse más sádico de lo habitual, me molesta que la gente no entienda con palabras, nunca fuí un tipo culto, se leer, escribir y puedo hacer las cuentas, alguna vez trato de añadir algo de cultura a esta cabeza dura, pongo de mi parte, pero las personas ya no se toman el tiempo de escucharte especialmente cuando creen que no pasará nada, aunque sus vidas dependan de eso y por lo que más quieran que les cuesta mirar a los ojos mientras uno les dirige la palabra para sopesar con cuidado después lo que dirán, no me incomodan las formas, creo que son un mal a veces necesario pero en los negocios donde tu pellejo es moneda de cambio no es relevante si gritan, lloran o se ensucian encima, estamos de acuerdo que el dolor produce efectos diferentes en cada persona pero somos adultos, ¡por dios!, ¡somos prisioneros de nuestras palabras!, si lo que sale por nuestras bocas no posee el valor que le confiere la verdad mejor que no tuviésemos boca por lo que fue necesario hacer énfasis en esto último para no dejar espacio a la interpretación, siempre estuve convencido que si no te entienden cuando prestan atención es cien por ciento culpa tuya, pero eso también se ha vuelto un problema, hoy en día la gente solo oye lo que quiere escuchar, si me dijeran por ejemplo: no sé donde está pero sé quien sabe, yo escucharía atentamente y pediría con educación e incluso sería amable al pedir que me acompañe, esto no sería optativo claro está, aunque estaríamos dando los primeros pasos en la dirección correcta para solucionar el problema, pero no, me ven solo, grande, pesado, como un hombre acabado por una vida de mierda y creen que ya necesito que alguien me cambie los pañales, nunca me he sentido ofendido por la gente grosera, pero si es un tema laboral la cosa cambia, cuando se propasan es necesario poner límites para dejar claras las cosas, a veces se lo buscan y debo admitir que he encontrado cierto gusto a esto de hacerme entender, a veces pienso que de no ser un tipo tan violento me hubiera gustado ser maestro, una educación sólida trae muchos beneficios.
El mentiroso prelado me dio la dirección de la casa de un político corrupto, detesto a esa basura, son bravucones cobardes que se esconden detrás del poder, se sirven de todo y pisotean a quien tengan que pisotear, pueden aprobar cualquier ley mientras esta les permita mantenerse en el cargo, por lo que debo confesar: me da mucho placer cuando alguno cae en mis manos, dejo salir mi lado filantrópico por así decirlo, siento que hago un bien social, un servicio a la comunidad, se me da muy bien acabar con basura que se cree intocable, debería abrir una ONG, por lo menos abrir una pagina de esas en internet donde narrar las historias que cada "honorable" que ha caído en mis manos me ha contado, ahora que lo pienso seriamente podría ser mejor escribir un libro o ponerme de moda y convertirme en youtuber, aunque en ese lugar no pagan por decir la verdad.
Demonios, es la primera vez que tengo que estirarle el cuello dos veces a un tipo que trató de mostrar su lealtad, resistió bastante, me hizo sudar y cuando se le salían los ojos y la lengua se le hinchaba, comencé a reir porque se parecía al puto alien que se me había ocurrido esta mañana y se me escapó de las manos a causa del ataque de risa que me dejó sin fuerzas, el asunto es que lo tome del cuello otra vez para cumplir mi amenaza y a la vez trate de explicarle que no me reía de él en específico, respetaba su coraje, no todos los días decides morir por el jefe, y entre esta clase de rufianes el tipo era un maldito unicornio, y que se te rían en la cara mientras te despachan tiene que ser muy insultante, nunca lo habría hecho a propósito, me dio un poco de vergüenza ciertamente, porque me parece que no aceptó mis disculpas. Esto es algo que no puede volver a suceder.
Al final me hubiese ahorrado un montón de tiempo si le quitaba el teléfono en primer lugar y lo despachaba, intentó romperlo pero las fuerzas lo abandonaron primero, sospeché que era importante. No suelo utilizar estas cosas, la tecnología me da pereza y la verdad es que veo a todo el mundo idiotizado mirando bobamente la pequeña pantalla mientras comen o cuando cagan, ya no hay lugares sagrados y la gente ha perdido la habilidad de esconder sus emociones y tratar de comportarse como adultos, ese pequeño juguete es parte de los grandes males, las vidas que se salvan no valen las que se pierden cada día engrosando las filas de zombies que conforman nuestra mal llamada sociedad, seres vegetativos que simulan tener una vida mostrando su trasero como si fuera algo de valor, demonios como odio esa baratija.
Toqué la diminuta pantalla, con la asquerosa sensación de estar tocándole el culo a alguien, una contraseña me detiene y me molesta
Guardo el aparatejo en el bolsillo y en una bolsita con ziplock la contraseña, la necesitaré más tarde, ahora, es tiempo de ir a ver a una dama.